lunes, 8 de julio de 2019

Brevedad de la vida y lo irreparable de envejecer

Adiós - le dijo sin más.
Ni fue motivo de reflexión alguna el que pensase que debía despedirse de alguien. Más bien actuó por puro instinto primario . Si le importaba despedirse de algo , de cosas que a lo largo de toda su vida le habían dado sentido , ahora que ya se desprendía de todo . 
Reconoció primero aquel sombrero que se había comprado en Estanbul , Turquia una semana santa probándose frente al espejo uno tras otro hasta encontrar ese Taqiyah ( usado en el islam) o el Tarbush o Fez... y le vino a la memoria su mano en el pecho en el interior de la mezquita azul  que le había gustado mucho más que Santa Sofia. Junto a un cartel que indicaba " el islam es una religión de amor , de yihad como paz amorosa... Pero luego le vinieron más objetos a la mente como si el pasado, presente y el futuro se refugiaran en una misma escena . Me sentía escritor joven y grande a la vez  donde las verdades son efímeras  y precarias en la memoria. 
Los tiempos verbales del ahora, el pretérito , el pasado , el condicional, el futuro se mezclaban en ese instante al escribir .
El tiempo  no está resuelto saltando del después al antes y encontrarse en el parque de Mathatan cuando en el puente junto al pequeño riachuelo que lo atraviesa recordaba las "mothers" con sus cochecitos de bebes haciendo futing ... y la foto al fondo de los rascacielos enormes , o el paseo por el puente escuchando a Sinatra con New York , new York ... El era o el será , el pasado o el futuro era lo mismo , por eso nada pasa , nada queda, nada se detiene pero a la vez esta experiencia del ahora , del presente diferente del pasado y del futuro es única e irrepetible. 
Adiós-le dijo nuevamente sin detenerse en el olvido de un Eco que repetía sin cesar esos algos que le venían y se marchaban ..
Recordó el museo Rodin en París cuando descubrió el amor , la discípula velada de Agust Rodin , Claudel Camille ... con el pensador aunque se había enamorado del mármol blanco del beso de la escultora ...  Así el tiempo breve que le acompaño de New York , Berlin, Basilea, Estambul , Londres, Paris, Austria, Milan, Roma, Sorrento, Napoles, ... Edimburgo, ...se convertían en travesías , navegaciones , rutas en esos momentos al envejecer . 
Amar es envejecer, perder y ganar, adquirir y desaprender, conocer y desconocer, estar cómodo e incómodo en la piel que le habita a uno o una misma , ajada y deshecha .. Por eso en las despedidas la economía entre el gasto y el ahorro en la vejez se convierte en un sueño irreparable de dejarse llevar por dejar que el tiempo no exista , desaparezca una y otra vez.. 
Recordaba muchos rostros ahora del antes, como el carterista que en Lisboa una primera vez le robo los 1.800 euros en el tren cuando lo tomo hacía la plaza de la virgen blanca , una mañana a las 10 , como le señaló hacía el otro lado, como su rapidez para darse cuenta que en un segundo le había desaparecido su presupuesto para esos días que irían por Coimbra, Oporto, Braga, Evora,.... Todo era un instante , un recorrido breve hacia el final de sus días , ... por eso aquella lluvia cuando ya su cuerpo maltrecho apenas podía desplazarse , porque le pesaban las piernas, la aritmía del corazón se le disparaba,  o el cansancio le superaba , le parecía magnifica y se dejaba sentir el placer de una felicidad amable al caer las gotas por su piel, al sentir como esa sorpresa de la naturaleza le ayudaba todavía a sentirse algo feliz ... había vivido ya tanto , tanto que no tenía sensación de querer esperar más para irse ya. 
Adiós- les dijo una y otra vez a cada objeto de su no tiempo, las numerosas fotografías, los numerosos libros, su piano, sus pinturas imperfectas, su colección de sombreros, o su colección de piedras de todos los lugares que le habían amado traídas por amistades que le habían ayudado a saberse ahora despedirse mejor de esta vida , un poquito mejor a sus años .... 

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