viernes, 17 de mayo de 2013

DIVENDRES



Provocó el entusiasmo desde la primera escena. Estrechaba a Lucía entre sus brazos, la dejaba, volvía , parecía desesperado: tenía estallidos de cólera , seguidos de estertores  elegiacos de una dulzura infinita, y  las notas surgían de su desnuda garganta entre sollozos y besos. Emma se inclinaba para verle, arañando con sus uñas el terciopelo del palco.Su corazón se henchía con aquellos melodiosos lamentos que se propagaban al ritmo marcado por los contrabajos como gritos de náufragos en medio del tumulto de una tempestad.Reconocía en todo aquello cuantas embriagueces y angustias la habían puesto poco tiempo atrás al borde de la muerte.La voz de la cantante no le parecía sino el eco de su conciencia, y aquella ilusión que la hechizaba era algo como de su propia vida. Pero a ella nadie en el mundo la habia amado con un cariño así. .......     

                                                                         Flaubert, G   Madame Bovary. II parte.Capítulo XV                                      

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